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La Cultura de la Salud, un nuevo paradigma para la Comunicación
La Cultura de la Salud, un nuevo paradigma para la Comunicación

Dra. María Sáinz
Presidenta de la Fundación de Educación para la Salud (FUNDADEPS). Hospital Clínico San Carlos.

A principio de los años 80, tomó de nuevo fuerza la definición de salud que casi treinta años antes había realizado la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1946): “un estado de bienestar físico, psíquico y social, no solo la ausencia de enfermedad o minusvalía”. Se demostró la necesidad de un compromiso de los organismos gubernamentales y, especialmente, que la sociedad civil organizada, a través de las asociaciones y sociedades científicas, debía tomar el protagonismo para cambiar el paradigma que prevalecía en las gentes de pensar que “si no se está enfermo, es porque se está sano”.

La Educación para Salud, en mayúscula, significó poner en valor dos palabras con propiedad como son la Educación  y la Salud, que al unirse se sirven mutuamente  como una disciplina que favorece las acciones de la información, la valoración de las actitudes nuevas o viejas, así como la promoción de los cambios de comportamiento de las personas en todo la que respecta a la salud y a la prevención de enfermedades.

Los agentes sociales son aquellas personas y organizaciones que tienen como objetivos incrementar la sociedad del bienestar y facilitar el equilibrio dinámico de los pueblos y los gobiernos. Como agente social hay que tener una visión que transcienda lo cotidiano y  lo cercano; hay que saber, también, cuál es su misión para poder obtener resultados medidos a través de los objetivos propuestos. 

Trabajar en actuaciones concretas y en proyectos con futuro. Hacer que el planeta  Tierra como Aldea global sea nuestra aldea. Hacer suya la idea-fuerza de “pensar globalmente y actuar localmente” (OMS, 1990).

Yo defino la “Cultura de la Salud” como el arte y la ciencia de recordar que la salud no es un fin, sino un medio para ser feliz. Para promover esta definición, en 1984 creamos la Asociación de Educación para la Salud (ADEPS) en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y, casi dos décadas después, creamos la Fundación de Educación para la Salud (FUNDADEPS).

Los enunciados de “cultura”, “arte” y “ciencia” encierran todo el poder ideológico de la época, en el cual los seres vivos nos recreamos, siempre teniendo en cuenta el pasado que las sostiene y la prospección que la experiencia nos aporta en el tiempo, para prevenir o proponer algo hacia el futuro.

El caudal de salud de una persona, al igual que el de la sociedad, depende tanto de indicadores epidemiológicos y biológicos como sociales y culturales. Mientras que las vacunas y las medicinas pueden inventarse o fabricarse a través de la Biotecnología y son tan visibles como comerciales, las vacunas sociales sólo tienen a la educación y a las leyes para favorecer difusamente la prevención, y esto implica gastar más en la prevención si queremos objetivar con datos estadísticos la buena salud de la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez. 

Se dice que la salud no tiene precio, pero si sabemos que tiene un coste social, y la sociedad tiene derecho a saber que la salud para todos está más relacionada con los estilos de vida y el medio ambiente que con la herencia genética y la asistencia sanitaria.

A través de la experiencia profesional de la salud y la medicina preventiva ha existido un hilo conductor entrelazado con mis conocimientos y la visión intelectual creada que denominé en 1980 como una Desiderata para Cultivar la Salud. Sus claves están en las acciones siguientes: 

Festejar la vida es aceptarnos como seres vivos, con nuestras diferencias físicas, psíquicas y sociales. La posibilidad de nacer diferentes y el potencial biológico de vivir desde la niñez hasta la vejez con toda una biografía de salud, enfermedad o minusvalía. Afortunadamente, la lucha feminista desde el siglo XIX y los avances científicos y técnicos han facilitado la construcción teórica, legal y social de la perspectiva de género para que ese placer sea real y menos utópico  en muchas áreas del mundo.

Oír música con sonidos agradables, con tono y frecuencia que no alteren nuestros nervios, implica no pasar de los 60 decibelios. La música es un alimento espiritual bastante escaso en nuestras calles y plazas de pueblos o ciudades españolas. Oír y escuchar música es sentirla en el espíritu y en el cuerpo para deleitarnos y hacernos gozar individual o colectivamente, para soñar, reír, llorar, bailar... Sentirnos vivos, generosos, agradecidos con sus creadores por darnos el alimento que fortalece y sana el alma.

Leer libros para informarse de cómo tener mejor salud a través de una alimentación equilibrada; el ejercicio físico en casa, la calle o los gimnasios; y la prevención de las enfermedades. También prevenir accidentes al tener y leer libros sobre el hogar, el cuidado de los niños y niñas, embarazos o personas mayores. Hay que leer también para la salud mental y no sólo la física o corporal; esto significa que tenemos que cultivar las lecturas que nos informen de sexualidad y erotismo, de relaciones humanas para gozar del amor plenamente, tanto si es o no para procrear hijos e hijas, como para recrear amistades.

La higiene es básica e imprescindible para evitar cualquier tipo de enfermedad infecto-contagiosa, que a principios del pasado siglo era la primera causa de muerte en todos los países del mundo. Los avances de canalización de aguas para el uso humano, así como la eliminación de los excrementos y aguas residuales junto al control de basuras y desechos urbanos han salvado más vidas que la suma de todos los medicamentos. La higiene debe entenderse con el acto de lavarse y peinarse, pero también con la vestimenta de ropa y calzado, del ocio y del descanso, así como con el acto de la alimentación humana. También de los alimentos adquiridos, como de su preparación y conservación para el consumo.

Andar es necesario máxime en la era del automóvil, la televisión, el videojuego y el Internet que han cambiado todos nuestros comportamientos personales, familiares y sociales.  Hay que recordar cada día cuántos paseos y cuánto tiempo le damos movimiento a nuestro cuerpo para que no se atrofie ni adquiera sobrepeso. 

Reír imprescindible y revolucionario, pues cambia nuestro carácter a través del humor, estimula nuestra respiración profunda, oxigena nuestras células y hasta podemos segregar lágrimas de alegría, entre otros fluidos, para colmo de la contradicción fisiológica con la espiritual y regocijo con nosotras y nosotros mismos.

Escuchar a los demás sin mirar el reloj, los papeles de la mesa, la televisión, o el firmamento, se hace cada vez más difícil. Veamos el ejemplo de una persona adulta y sus 24 horas al día: duerme unas siete horas; trabaja unas ocho; para desayunar, comer y cenar emplea unas tres horas; la higiene diaria, una hora; y las horas de ocio las dedica a ver la televisión; le puede quedar una hora y media al día para vestirse o desnudarse, entrar o salir de casa para ir al trabajo, a la compra etc... Es decir, ya no le queda tiempo. Hay que aprender a gestionar las horas al día para diferenciar lo cotidiano de lo importante y separarlo de lo urgente. Nada importante puede ser urgente.

Ser sinceros/as consigo mismo/a es fantástico. Las personas vamos creciendo o menguando con la edad. Nos enrocamos tanto que olvidamos nuestra persona y terminamos representando al personaje. Por eso debemos cultivar la sinceridad que no es lenguaraz, sino expresión de los sentimientos de debilidad y fortaleza para hacernos mejores a pesar de nuestras circunstancias.

Ser sensibles con los demás, ante las cosas, objetos u sucesos, demuestran la calidad y no la cantidad de lo que podríamos definir como inteligencia humana. La persona que se emociona espiritualmente con el arte, o la persona que crea el arte, dicen tener una respuesta neurovegetativa y la expresan de forma gráfica como “ponerse la carne de gallina”, o “me muero de placer al contemplar tal o cual cosa”, o “escribir, pintar, componer o cantar es para mi la vida”.

Amar es fundamental para poder ser amadas y amados, correspondidos con los sentimientos del cuerpo y del espíritu, por ello la salud sexual como el arte de amar es una piedra angular para cultivar nuestra salud, pues nacemos como seres sexuales desde la cuna hasta la tumba. Las palabras de mi Desiderata para Cultivar la Salud forman un acróstico de amor físico y real. Cada etapa de la vida humana: infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez, tienen sus particularidades de amor y de amar. El amor es una energía vital que necesitamos todos para vivir, pero no se puede fabricar en pastillas aunque se puede pagar el consumo de una parte pequeña del amor que todos conocemos como el sexo.

La solidaridad es ley que no caridad ni filantropía, por ello tenemos que aceptar, fomentar y luchar porque exista siempre esa bolsa común para el 0.5 del IRPF o el 0.7 para cooperación y desarrollo con otros pueblos, pues en verdad la salud no tiene precio pero sí un coste económico. Los recursos humanos y materiales deben favorecer la igualdad y accesibilidad a la asistencia sanitaria y social, la educación básica como derecho universal y gratuito, para disminuir las injusticias que por género, lugar o grupo social pudieran sufrir en detrimento de la salud. La solidaridad es una palabra actualizada de la fraternidad revolucionaria del siglo XVIII francés, por lo tanto siempre tiene una base legislativa para la conquista de los Derechos Humanos. Hay que luchar también por esta palabra, pues solidaridad es sinónimo de leyes equitativas y distributivas, aunque existan además añadidos de amor fraternal o caritativo, para ayudar lo mejor que podamos y sepamos hacer.

Unirse a los otros para defender que las personas no sean ignorantes, que aprendan bien cómo ayudar a los demás a través del conocimiento de los temas que defienden, de las leyes que existen, de los recursos que se tienen para los objetivos comunes. La unión hace la fuerza es un adagio a mantener siempre, porque somos animales políticos y nos necesitamos siempre o podemos necesitarnos en momentos determinados de la vida.

Defender la libertad individual y colectiva, porque no somos ángeles puros y al igual que existe una gran mayoría de personas que quieren vivir, trabajar y amar en paz, también existen individuos y grupos no muy mayoritarios, pero sí potentes económicamente o muy beligerantes, que viven a costa del dolor, el sufrimiento y la muerte medioambiental, animal y humana. La libertad de expresión política, social y cultural es una conquista que iguala a las personas, sean varones o mujeres, ante los derechos y deberes de ciudadanía y que les imprime carácter voluntario a través del ejercicio del voto. La libertad es una conquista diaria de cada persona, que la puede ejercer por tener información, educación y cultura, como antítesis de la masificación ideológica y de la alienación humana.

La libertad no es un don divino, sino un derecho humano que se ha conquistado, y como todo lo adquirido puede perderse si no se ejercita y se defiende, a veces a contracorriente y otras veces de forma personal o en grupo, pero siempre con la bandera de la tolerancia y la paz.

 

 

DESIDERATA PARA CULTIVAR LA SALUD

Dra. María Sáinz©

 

Festejar la vida

Oír música

Leer libros

La higiene es básica

Andar es necesario

Reír imprescindible

Escuchar a los demás

Ser sinceros

Ser sensibles

Amar, es fundamental

La solidaridad es ley

Unirse a los otros

Defender la libertad

 

Fecha de creación
:   29/12/2012 2:41:20
Última actualización
:   29/12/2012 2:41:47

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