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La vacuna para el VIH, una realidad aplastantemente innegociable
La vacuna para el VIH, una realidad aplastantemente innegociable

David Paricio
Director de SIDA STUDI

Debía correr el año 1994. Lo que recuerdo es que palabras como antiretrovirales, TARGA o inhibidores de la proteasa aún no formaban parte de nuestro vocabulario. Fue entonces cuando Jesús, hombre de gran cultura (obtenida, eso sí, al margen de los canales académicos), me preguntó: “Oye, a ti que se te ve leído: ¿para cuando la vacuna? Es un tema del que se habla y que me interesa, básicamente porque me estoy muriendo”. Ha pasado mucho tiempo (más de una década) y Jesús sigue sin respuesta. Pero, ¿cuántas veces desde entonces hemos escuchado “ya casi”, “en cinco, diez años a los sumo estará aquí” o “este avance marca un punto de inflexión”? El objetivo de conseguir una vacuna para el VIH, ya sea terapéutica (para las personas ya infectadas), o bien preventiva (para las personas aún no infectadas), o en el mejor de los casos las dos, sigue siendo uno de los mayores retos ante los que se encuentra la ciencia en la actualidad. Y ante esta necesidad, parece que nos encontramos en un momento de tedioso desánimo en el que cualquier novedad al respecto es vivida con escepticismo (en el mejor de los casos) cuanto no con pesimismo… Tal vez sería conveniente recordar que es así como funciona nuestro método científico: por ensayo-error. Hay que asumir que un resultado negativo ante una nueva posibilidad de producto conlleva, por supuesto, abandonar una línea de investigación y asumir que los recursos invertidos (sean de la índole que sean, no sólo económicos) no han dado el fruto deseado. Pero también es importante tener en cuenta que ese resultado también debe interpelarnos, entender que marca un nuevo camino que, cuanto menos, nos indica por dónde no debemos seguir la búsqueda. Pero existe un dato más, nada banal, a tener en cuenta. El dato, de presentación sorprendentemente aséptica y despersonalizada, son los 33’4 millones de personas que, según ONUSIDA (1), están afectadas por el VIH/sida en el mundo. Importante asumir que no sólo hablamos de cifras o porcentajes. Importante recordar que detrás de cada una de esas personas existe una realidad compleja. Pero más importante aún es ser conscientes de la cifra de los 9,5 millones de personas que a día de hoy necesitan con urgencia la única respuesta terapéutica efectiva actual contra el VIH: la medicación antirretroviral y asumir que (a pesar de las mejoras en los últimos años) tan sólo un 42% de ellos y ellas tendrán la posibilidad de acceder a la misma (2). Malos tiempos estos para plantear una vergonzante realidad necesitada de recursos (sí, también económicos) ya que el término “crisis” parece haberse convertido, más que en una posibilidad para reflexionar sobre lo que se hizo mal en el pasado, en un fantástico escudo (o en el mejor de los condones jamás soñado, por acercarlo a nuestro argot) para esquivar responsabilidades, compromisos adquiridos y tratados firmados. Pero la realidad sigue y seguirá ahí. Y a estas alturas (o bajuras) del transcurso de la pandemia, plantearse la utopía de que tal vez un día la medicación antirretroviral sea universal y llegue a todas y cada una de las personas que la necesita, continúa siendo una meta por la que seguir luchando y exigiendo responsabilidades, pero sabemos que difícilmente, como buena utopía, será alcanzable. La alternativa pasa por conseguir una solución definitiva; y esa solución debe ser la vacuna. En cualquier caso y aún contemplando la posibilidad de que la utopía del acceso universal a la medicación antirretroviral fuera una realidad, la vacuna contra el VIH seguiría siendo necesaria. Momentos como la celebración del Día Mundial para la Vacuna contra el SIDA que celebramos cada 18 de mayo, deben servir para no perder la esperanza de que muchas personas afectadas por el VIH/sida han decidido no perder jamás. Ha de servir para entender que no se trata de un tema fácil ni banal y que serán necesarios más fracasos para llegar al éxito. Ha de servir para recordar y exigir que estamos hablando de un virus y, así como los virus no entienden de sexo, orientación, procedencia geográfica, etc., tampoco entienden de coyunturas económicas, falta de liquidez o crisis generalizadas. Es pues necesario (sigue siéndolo) exigir un mayor esfuerzo, mayor compromiso, más recursos y, no lo olvidemos, mayor ilusión al respecto. Es necesario seguir dando la respuesta: “vacuna sí”. (1) ONUSIDA. Situación de la epidemia de sida 2009 [on line] < http://www.unaids.org/es/KnowledgeCentre/HIVData/EpiUpdate/EpiUpdArchive/2009/2009epidemic_update.asp> [Consulta: 12.05.2010] (2) AVERT. Universal access to AIDS treatment: targets and challenges [consulta on line] [Consulta:12.05.2010] Web de SIDA STUDI: http://www.sidastudi.org

Fecha de creación
:   18/05/2010 18:56:09
Última actualización
:   20/05/2010 10:47:33

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